Saber entrevistar es una de esas habilidades que parecen sencillas hasta que te toca hacerlo de verdad. Sentarte frente a alguien, sacarle la información que necesitas y conseguir que se abra sin que la conversación resulte forzada tiene mucho más trabajo detrás del que se ve. Ya sea para un proceso de selección, un reportaje periodístico, un estudio de mercado o un trabajo académico, la calidad de lo que obtengas dependerá casi por completo de cómo prepares y conduzcas ese encuentro.
La buena noticia es que entrevistar bien no es un don reservado a unos pocos. Es una técnica que se aprende, se ensaya y se perfecciona.
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Ver cómo¿Qué es una entrevista?

Una entrevista es un intercambio comunicativo, normalmente entre dos personas, en el que una de ellas (el entrevistador) formula preguntas con un propósito concreto y la otra (el entrevistado) responde aportando información, opiniones o experiencias. Lo que distingue una entrevista de cualquier otra conversación es precisamente esa intencionalidad: no se habla por hablar, sino para obtener algo útil y bien definido.
Ese propósito puede ser muy variado. Un periodista busca declaraciones y contexto para su reportaje; un reclutador quiere evaluar si un candidato encaja en un puesto; un investigador social pretende recoger datos cualitativos sobre un fenómeno. En todos los casos, la entrevista funciona como una herramienta de recogida de información dirigida, planificada y orientada a un resultado.
También conviene entenderla como una relación asimétrica pero colaborativa. El entrevistador marca el rumbo, decide qué se pregunta y cuándo, pero necesita la cooperación del entrevistado para llegar a buen puerto. Por eso la parte técnica (las preguntas, la estructura) importa tanto como la parte humana: generar confianza, escuchar de verdad y crear un clima en el que la otra persona quiera compartir.
Entrevista vs. charla casual
Es tentador pensar que una buena entrevista es simplemente «una charla agradable», pero hay diferencias de fondo que conviene tener claras. Una charla casual fluye sin dirección, no tiene un objetivo previo y nadie lleva el timón. En una entrevista, en cambio, alguien ha decidido de antemano qué necesita averiguar y ha diseñado un camino para conseguirlo.
Estas son las diferencias clave:
| Aspecto | Entrevista | Charla casual |
|---|---|---|
| Objetivo | Definido y previo | Inexistente o espontáneo |
| Preparación | Alta (guion, investigación) | Ninguna |
| Roles | Claros (entrevistador y entrevistado) | Simétricos e intercambiables |
| Escucha | Activa y estratégica | Relajada |
| Resultado esperado | Información concreta y aprovechable | Disfrute o vínculo social |
Ahora bien, aquí está el matiz que separa a los buenos entrevistadores del resto: aunque la entrevista tenga estructura y objetivo, debe sentirse como una conversación relajada. El arte consiste en llevar el control sin que el entrevistado lo note, en tener un guion pero no encadenarse a él. Cuando alguien percibe que está siendo «interrogado», se cierra. Cuando siente que está charlando, se abre.
Beneficios reales de saber entrevistar
Dominar esta habilidad tiene ventajas que van mucho más allá del ámbito en el que la apliques. Estos son los beneficios más tangibles:
- Obtienes información de mayor calidad. Un buen entrevistador consigue respuestas profundas donde otro solo obtendría monosílabos. La diferencia entre una entrevista mediocre y una excelente no está en el entrevistado, sino en quien pregunta.
- Ahorras tiempo. Una entrevista bien planteada evita reuniones de seguimiento y aclaraciones posteriores. Vas al grano sin renunciar a la profundidad.
- Mejoras tu escucha activa. Entrevistar te obliga a prestar atención de verdad, a captar matices y a reaccionar a lo que oyes, no a lo que esperabas oír. Esa capacidad se traslada a cualquier ámbito profesional.
- Tomas mejores decisiones. En selección de personal, en investigación o en negociación, la calidad de tus decisiones depende de la calidad de la información que reúnes.
- Construyes relaciones. Una entrevista bien conducida deja al entrevistado con una buena sensación. Se sintió escuchado, respetado y comprendido, y eso genera confianza a largo plazo.
Tipos de entrevista
No todas las entrevistas se plantean igual. Conocer las distintas categorías te ayuda a elegir el formato adecuado según lo que persigas. Podemos clasificarlas atendiendo a tres criterios: su grado de estructura, el ámbito en el que se aplican y el formato en que se desarrollan.
Según su estructura
El nivel de rigidez del guion define tres modalidades principales:
- Entrevista estructurada. Todas las preguntas están fijadas de antemano y se formulan en el mismo orden a cada entrevistado. Es la más fácil de comparar y analizar, ideal cuando entrevistas a varias personas para un mismo fin (por ejemplo, en un proceso de selección con varios candidatos). Su punto débil: deja poco margen para explorar respuestas inesperadas.
- Entrevista semiestructurada. Parte de un guion base con los temas y preguntas fundamentales, pero permite desviarse, profundizar o reordenar según fluya la conversación. Es la más utilizada porque combina control y flexibilidad. Consigues la información que necesitas sin renunciar a esos matices que surgen sobre la marcha.
- Entrevista no estructurada. No hay guion cerrado, solo una idea general de los temas a tratar. Se apoya casi por completo en la habilidad del entrevistador para improvisar. Aporta una riqueza enorme, pero es difícil de comparar y exige mucha experiencia.
Según el ámbito
Dependiendo del contexto en el que se realice, la entrevista adopta objetivos distintos:
- Entrevista laboral o de trabajo. Su finalidad es evaluar la idoneidad de un candidato para un puesto: competencias, experiencia, encaje cultural y motivación.
- Entrevista periodística. Busca obtener declaraciones, testimonios o análisis para elaborar una noticia, un reportaje o un perfil.
- Entrevista de investigación. Empleada en estudios sociológicos, de mercado o académicos, pretende recoger datos cualitativos para comprender opiniones, comportamientos o experiencias.
- Entrevista clínica o psicológica. La utilizan profesionales de la salud para valorar el estado de un paciente y orientar un diagnóstico o tratamiento.
- Entrevista comercial. Orientada a conocer las necesidades de un cliente potencial y detectar oportunidades de venta.
Según el formato
Por último, el canal a través del cual se desarrolla condiciona la dinámica:
- Presencial. La opción más rica en información, porque permite leer el lenguaje corporal y crear un vínculo más estrecho.
- Telefónica. Rápida y cómoda, aunque pierdes toda la comunicación no verbal.
- Videollamada. Muy extendida hoy, combina cierta cercanía con la comodidad de no desplazarse. Requiere cuidar la conexión, el encuadre y el sonido.
- Escrita o por correo. El entrevistado responde por escrito y con tiempo. Útil para temas técnicos, pero elimina la espontaneidad y la posibilidad de repreguntar en el momento.
Cómo prepararte antes de la entrevista
La entrevista se gana o se pierde antes de empezar. La preparación es la fase que más distingue a un profesional de un aficionado, y sin embargo es la que más gente se salta. Dedicarle el tiempo suficiente marca la diferencia entre una conversación fluida y productiva y una sucesión de silencios incómodos.
Define el objetivo de tu entrevista
Antes de redactar una sola pregunta, responde con claridad a una cuestión: ¿qué quiero conseguir con esta entrevista? Todo lo demás depende de esa respuesta. Si buscas evaluar competencias técnicas, tu enfoque será muy distinto que si quieres conocer una historia personal o recopilar opiniones sobre un producto.
Un objetivo bien definido debe ser concreto. «Saber si el candidato tiene experiencia en gestión de equipos» es un objetivo útil; «conocer al candidato» es demasiado vago. Cuanto más afines el propósito, más fácil te resultará decidir qué preguntar y, sobre todo, qué dejar fuera. Recuerda que una entrevista con demasiados frentes acaba sin profundizar en ninguno.
Investiga a tu entrevistado o población
Llegar a una entrevista sin haber investigado es una de las señales más claras de falta de profesionalidad, y el entrevistado lo nota enseguida. Dedica tiempo a conocer a la persona: su trayectoria, sus publicaciones, sus declaraciones previas, su currículo o su perfil en redes profesionales.
Esta investigación cumple varias funciones. Te permite formular preguntas más pertinentes y evita que malgastes minutos preguntando cosas que ya son públicas. Además, demuestra respeto e interés, lo que predispone favorablemente al entrevistado. En el caso de entrevistas de investigación, donde no hablas con un individuo concreto sino con una muestra de población, la «investigación» consiste en documentarte sobre el perfil sociodemográfico y el contexto de las personas a las que vas a entrevistar.
Redacta el guion o cuestionario
Con el objetivo claro y la investigación hecha, llega el momento de escribir el guion. Organiza las preguntas por bloques temáticos, empezando por las más sencillas y generales para ir avanzando hacia las más complejas o delicadas. Este orden ayuda a que el entrevistado entre en confianza antes de abordar terrenos difíciles.
Algunos consejos para un buen guion:
- Prioriza las preguntas abiertas, que invitan a desarrollar una respuesta.
- Prepara más preguntas de las que crees que necesitarás; siempre es mejor que sobren.
- Incluye posibles repreguntas para profundizar en respuestas clave.
- No te aferres al orden: el guion es una brújula, no unas vías de tren.
- Ensáyalo en voz alta para detectar preguntas mal formuladas o redundantes.
Elige el lugar y el momento adecuado
El entorno influye más de lo que parece. Un lugar ruidoso, incómodo o con interrupciones constantes sabotea cualquier entrevista, por buena que sea tu preparación. Busca un espacio tranquilo, con buena iluminación, sin ruidos molestos y donde ambos os sintáis cómodos.
El momento también cuenta. Evita las horas en las que tu entrevistado pueda estar cansado, con prisa o distraído. Confirma la cita con antelación, calcula un margen por si la conversación se alarga y llega siempre puntual. Si es una videollamada, prueba la conexión, la cámara y el micrófono unos minutos antes. Estos detalles, aparentemente menores, transmiten profesionalidad y crean el clima adecuado.
Estructura de una entrevista exitosa
Toda entrevista bien conducida sigue, de forma más o menos visible, una misma arquitectura de tres actos. Respetar esta estructura te ayuda a controlar el ritmo y a que ni tú ni tu interlocutor os perdáis por el camino.
Introducción y romper el hielo
Los primeros minutos son decisivos. El entrevistado suele llegar con cierta tensión, y tu misión es rebajarla. Empieza presentándote, explica brevemente el propósito de la entrevista, cuánto durará aproximadamente y qué harás con la información. Esta transparencia genera confianza desde el principio.
A continuación, dedica un momento a romper el hielo con algo ligero: un comentario cordial, una pregunta sencilla y sin presión, un agradecimiento sincero por su tiempo. No fuerces la simpatía, pero sí crea un ambiente relajado. Cuando la persona se siente cómoda, sus respuestas ganan en sinceridad y profundidad.
Desarrollo por bloques temáticos
Es el cuerpo de la entrevista, donde se concentra el grueso de la información. Avanza por los bloques que preparaste en el guion, empezando por lo más accesible y reservando los temas delicados para cuando la confianza ya esté establecida.
Aquí es donde entra en juego tu capacidad de escucha. No te limites a leer preguntas: reacciona a las respuestas, repregunta cuando algo merezca profundizarse y permite silencios. Un silencio bien gestionado a menudo hace que el entrevistado añada, por sí solo, la información más valiosa. Mantén el rumbo, pero deja espacio para lo inesperado.
Cierre y conclusiones
El final no debe ser abrupto. Antes de terminar, conviene lanzar una pregunta de cierre que dé al entrevistado la oportunidad de añadir algo que no se haya tratado: «¿Hay algo que quieras comentar que no te haya preguntado?». Es sorprendente cuántas veces aparece ahí una respuesta reveladora.
Recapitula brevemente lo esencial si procede, agradece de nuevo su participación y explica los siguientes pasos, si los hay. Deja siempre una puerta abierta por si necesitas aclarar algo más adelante. Un cierre cuidado deja una impresión final positiva y facilita futuras colaboraciones.
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Trucos para entrevistar como un profesional
Más allá de la técnica básica, hay una serie de recursos que emplean los entrevistadores experimentados para elevar la calidad de sus conversaciones. Son detalles que marcan una gran diferencia en el resultado final.
Convierte la entrevista en una conversación natural
El mejor cumplido que puede recibir un entrevistador es que su entrevistado salga pensando que ha estado charlando, no respondiendo a un cuestionario. Para lograrlo, memoriza lo esencial de tu guion en lugar de leerlo, mantén el contacto visual, asiente y reacciona a lo que oyes.
Enlaza cada pregunta con la respuesta anterior siempre que puedas. En vez de saltar mecánicamente al siguiente punto, retoma algo que la persona acaba de decir: «Has mencionado que…, cuéntame más sobre eso». Ese hilo conductor hace que la conversación fluya y que el entrevistado sienta que de verdad le estás escuchando.
Evita las preguntas cerradas
Las preguntas cerradas son aquellas que se responden con un «sí», un «no» o un dato aislado. Tienen su utilidad para confirmar información concreta, pero si abusas de ellas obtendrás una entrevista pobre y entrecortada.
Compara estos dos ejemplos:
- Cerrada: «¿Te gustó trabajar en aquel proyecto?» → respuesta: «Sí».
- Abierta: «¿Cómo fue tu experiencia trabajando en aquel proyecto?» → respuesta: un relato detallado.
Las preguntas abiertas suelen empezar por cómo, por qué, qué, cuéntame, descríbeme. Invitan a explayarse y son la principal fuente de material rico. Reserva las cerradas para el final de un bloque, cuando quieras precisar un dato puntual.
La técnica STAR
Muy utilizada en entrevistas de trabajo por competencias, la técnica STAR sirve para que el entrevistado describa experiencias reales de forma completa y estructurada. Sus siglas responden a cuatro elementos:
- Situación (Situation): el contexto en el que ocurrió el hecho.
- Tarea (Task): el reto o la responsabilidad que asumió.
- Acción (Action): lo que hizo concretamente para afrontarlo.
- Resultado (Result): el desenlace y los logros obtenidos.
Como entrevistador, puedes guiar al candidato hacia este esquema: «Cuéntame una situación en la que tuvieras que resolver un conflicto en tu equipo. ¿Qué pasó, qué hiciste tú y cómo terminó?». Así evitas respuestas genéricas y obtienes ejemplos concretos que revelan de verdad cómo actúa la persona.
Cuida tu lenguaje corporal y el entorno
La comunicación no verbal habla tanto como las palabras. Tu postura, tus gestos y tu expresión influyen en cómo se siente el entrevistado. Mantén una actitud abierta: no cruces los brazos, inclínate ligeramente hacia delante para mostrar interés y sonríe cuando proceda.
El contacto visual, sin llegar a resultar intimidante, transmite atención y respeto. Evita mirar el reloj o el móvil, gestos que delatan impaciencia. Y cuida el entorno: una mesa sin barreras físicas de por medio, sillas a una altura similar y una distancia cómoda contribuyen a un clima de igualdad y confianza.
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Ver cómoPreguntas que debes evitar
Saber qué preguntar es tan importante como saber qué callar. Ciertas preguntas no solo resultan improductivas, sino que pueden ser inapropiadas e incluso ilegales, sobre todo en el ámbito laboral.
Preguntas discriminatorias o ilegales
En un proceso de selección, la legislación protege a los candidatos frente a preguntas que puedan derivar en discriminación. Deben evitarse cuestiones sobre aspectos que no guardan relación con el desempeño del puesto, como:
- Origen étnico, nacionalidad o religión.
- Orientación sexual o identidad de género.
- Situación familiar, planes de tener hijos o estado civil.
- Edad (más allá de comprobar la mayoría legal para trabajar).
- Estado de salud, discapacidades no relevantes para el puesto o afiliación sindical.
- Ideología política.
Preguntar por estos temas no solo puede acarrear consecuencias legales para la empresa, sino que además empeora la experiencia del candidato y daña la reputación de la organización. La regla es sencilla: si la información no afecta directamente a la capacidad de desempeñar el trabajo, no debe preguntarse.
Cómo reformular preguntas delicadas
A veces necesitas información sensible por motivos legítimos, y la clave está en cómo la pides. En lugar de preguntar por la vida personal, céntrate en la disponibilidad o los requisitos objetivos del puesto.
Algunos ejemplos de reformulación:
- En vez de «¿Tienes hijos o piensas tenerlos?» → «El puesto requiere cierta disponibilidad para viajar. ¿Podrías cumplir con ese requisito?».
- En vez de «¿Cuántos años tienes?» → «¿Cuántos años de experiencia tienes en este sector?».
- En vez de «¿Tienes algún problema de salud?» → «¿Hay algo que necesites por nuestra parte para desempeñar tus funciones en condiciones óptimas?».
Reformular con tacto te permite obtener lo que necesitas sin invadir la intimidad ni incurrir en discriminación. Se trata de preguntar por la capacidad, no por la circunstancia personal.
Cómo transcribir e interpretar una entrevista
El trabajo no termina cuando apagas la grabadora. Una entrevista solo es útil si sabes procesar después la información que has reunido. Esta fase, a menudo infravalorada, es la que convierte una conversación en un resultado aprovechable.
Transcripción palabra por palabra vs. mensaje general
Existen dos grandes enfoques a la hora de pasar a texto una entrevista, y elegir bien depende de tu objetivo:
- Transcripción literal (palabra por palabra). Recoge todo tal cual se dijo, incluidas repeticiones, muletillas y titubeos. Es imprescindible en investigación cualitativa, en el ámbito jurídico o cuando la exactitud de las declaraciones es crítica. Su inconveniente es que consume mucho tiempo.
- Transcripción de mensaje general (o resumida). Captura las ideas principales sin reproducir cada palabra. Es más ágil y suficiente cuando lo que buscas son conclusiones, no el testimonio exacto. Se usa habitualmente en periodismo divulgativo o en informes internos.
Como norma práctica: cuanto mayor sea la exigencia de fidelidad, más literal debe ser la transcripción.
Cómo analizar y extraer las mejores citas
Una vez tienes el texto, llega el momento de leerlo con ojo crítico. El objetivo es identificar las ideas más relevantes y las declaraciones más potentes. Estas son las que darán fuerza a tu artículo, informe o valoración.
Para analizar con eficacia:
- Lee la transcripción completa al menos una vez sin subrayar nada, solo para captar el sentido global.
- En una segunda lectura, marca las frases que mejor responden a tu objetivo inicial.
- Agrupa la información por temas para detectar patrones y contradicciones.
- Selecciona las citas más claras y representativas; una buena cita es breve, concreta y dice algo por sí sola.
- Respeta siempre el sentido original: recortar una frase no puede cambiar lo que la persona quiso decir.
Errores comunes
Al procesar una entrevista se cometen fallos que conviene conocer para evitarlos. Los más frecuentes son sacar frases de contexto, atribuir al entrevistado ideas que en realidad no expresó, mezclar la opinión propia con lo que dijo la fuente y descartar demasiado pronto material que parecía secundario pero resultaba clave. También es habitual dejar la transcripción para «más tarde» y perder matices que en el momento estaban frescos en la memoria.
Herramientas para grabar y organizar tu entrevista
Contar con las herramientas adecuadas simplifica enormemente todo el proceso, desde la captura del audio hasta el análisis final. Estas son las categorías que no deberían faltar en tu kit:
- Grabadoras de audio. La grabadora de voz del móvil cumple sobradamente para la mayoría de casos. Para máxima calidad, existen grabadoras digitales dedicadas que capturan un sonido más nítido incluso en entornos algo ruidosos.
- Plataformas de videollamada. Zoom, Google Meet o Microsoft Teams permiten realizar y grabar entrevistas a distancia, algo cada vez más habitual.
- Herramientas de transcripción automática. Programas y servicios que convierten el audio en texto ahorran horas de trabajo. Conviene revisar siempre el resultado, porque ningún sistema es infalible, sobre todo con vocabulario técnico o ruido de fondo.
- Aplicaciones de notas y organización. Herramientas como Notion, Evernote o incluso un simple documento compartido ayudan a estructurar guiones, notas y conclusiones en un solo lugar.
- Gestores de proyectos. Si realizas muchas entrevistas, un sistema para etiquetar, archivar y localizar cada una te ahorrará muchos quebraderos de cabeza a medio plazo.
Un consejo importante: pide siempre permiso antes de grabar. Además de ser una cuestión de respeto, en muchos contextos es una obligación legal. Basta con avisar al principio y dejar constancia de la autorización.
Preguntas frecuentes (FAQs)
¿Cuáles son los tipos de entrevista más comunes?
Los más habituales se clasifican según su estructura (estructurada, semiestructurada y no estructurada) y según su ámbito (laboral, periodística, de investigación, clínica o comercial). En la práctica, la entrevista semiestructurada es la más utilizada, porque combina un guion base con la flexibilidad necesaria para profundizar en las respuestas más interesantes.
¿Qué diferencia hay entre preguntas abiertas y cerradas?
Las preguntas cerradas se responden con un «sí», un «no» o un dato concreto, mientras que las abiertas invitan a desarrollar una respuesta amplia. Las abiertas (que suelen empezar por «cómo», «por qué» o «cuéntame») son las que aportan más información y matices; las cerradas sirven para confirmar datos puntuales. Una buena entrevista se apoya sobre todo en preguntas abiertas.
¿Cuánto tiempo debe durar una entrevista?
Depende del objetivo y del formato, pero como referencia, una entrevista de trabajo suele durar entre 30 y 60 minutos, y una entrevista en profundidad de investigación puede extenderse hasta 90. Lo importante no es la duración en sí, sino aprovechar bien el tiempo: es preferible una entrevista corta y sustanciosa que una larga y dispersa. Avisa siempre al entrevistado de la duración aproximada al empezar.
¿Qué preguntas no se deben hacer en una entrevista?
Deben evitarse las preguntas discriminatorias o que invadan la intimidad sin relación con el objetivo: origen étnico, religión, orientación sexual, planes familiares, edad, estado de salud o ideología política. En el ámbito laboral, además de ser inapropiadas, pueden tener consecuencias legales. Cuando necesites información sensible por un motivo legítimo, reformúlala centrándote en los requisitos objetivos del puesto.
¿Qué errores se deben evitar al entrevistar a alguien?
Los errores más frecuentes son llegar sin preparación, abusar de preguntas cerradas, hablar más que el entrevistado, no escuchar de verdad, aferrarse rígidamente al guion e interrumpir constantemente. También conviene evitar sesgar las respuestas con preguntas que sugieren lo que quieres oír, así como descuidar el entorno o el lenguaje corporal.
Prepárate para destacar en tu próxima entrevista
Una entrevista de trabajo es mucho más que responder preguntas: es la oportunidad de demostrar tu potencial, transmitir confianza y mostrar todo lo que puedes aportar. Prepararte con antelación y desarrollar las habilidades adecuadas puede marcar la diferencia entre ser un candidato más o conseguir el puesto.
En Shepreneur Academy, la escuela de nómada digital, encontrarás cursos para trabajar desde casa y formación en habilidades digitales pensada para ayudarte a impulsar tu carrera profesional. Aprenderás competencias muy demandadas por las empresas, mejorarás tu perfil profesional y estarás mejor preparado para acceder a oportunidades laborales en el entorno digital.
Cada entrevista es una oportunidad para acercarte al trabajo que deseas. Invierte en tu crecimiento, sigue aprendiendo y da el siguiente paso hacia una carrera con más oportunidades, flexibilidad y libertad profesional como nómada digital.
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Ver cómoConclusión
Hacer una buena entrevista no es cuestión de suerte ni de talento innato, sino de método. Como has visto a lo largo de esta guía, todo empieza mucho antes del encuentro: en la definición de un objetivo claro, en la investigación previa y en un guion bien construido. Luego, durante la conversación, entran en juego la escucha activa, la capacidad de convertir el cuestionario en un diálogo natural y el respeto por la persona que tienes enfrente.
Si interiorizas los principios que hemos repasado (preguntar en abierto, evitar cuestiones inapropiadas, cuidar el lenguaje no verbal y aprovechar técnicas como la STAR) y luego dedicas el tiempo necesario a transcribir e interpretar el material, notarás un salto de calidad inmediato en tus resultados. Entrevistar es, al final, una habilidad que se afina con la práctica: cada conversación te enseña algo nuevo sobre cómo escuchar mejor y preguntar con más criterio.
Así que prepara tu próximo guion, elige bien el lugar y lánzate. Con las herramientas que ahora tienes, estás listo para conducir entrevistas que de verdad aporten valor.
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